Viajar es un hábito muy provechoso para la salud

Oír acentos distintos, probar comidas desconocidas, comunicarse en otros idiomas y aprender a encontrar rutas nuevas son desafíos a los que se enfrentan quienes viajan.Ellos abandonan la rutina y encaran situaciones que, según expertos en diversas ramas, resultan ser beneficiosas para la salud.

El doctor José Manuel Moltó, de la junta directiva de la Sociedad Española de Neurología (SEN), pone de presente que el cerebro cambia a lo largo de la vida. “Nuestras neuronas pueden crear nuevas conexiones e incluso se pueden formar nuevas neuronas, pero para ello es clave entrenar al cerebro. Y hay tres elementos para hacerlo: enfrentarlo a la novedad, la variedad y el desafío. Viajar cumple con los tres”, asegura.

Germán Casas, psiquiatra especializado en niños y adolescentes y vicepresidente de Médicos sin Fronteras para América Latina, opina que los viajes se han constituido a lo largo de la historia en una estrategia para romper la rutina. “El cambio de vida, de la cotidianidad, se recomienda. Es algo que la humanidad ha considerado como una fuente importante de cambios de comportamiento que pueden ser saludables”, afirma.

“En los seres humanos existe el instinto epistemofílico, que nos lleva a conocer cosas nuevas, a satisfacer ciertas curiosidades, a entender más –agrega–. Viajar es una forma de satisfacer ese instinto”. Y cuando se viaja aumenta la producción de neurotransmisores como la serotonina y la adrenalina, explica.

Luis Manuel Silva, Ph. D. en psicología, menciona la existencia de varios estudios que sugieren que viajar aumenta la satisfacción vital y el bienestar psicológico que las personas reportan.

“Al viajar uno está mucho más expuesto que en el día a día a ver cosas y gente nuevas, a aprender de otras realidades. Es como armar un rompecabezas, hacer una sopa de letras o cualquier reto cognitivo. Se trata de poner el cerebro en manual, no en automático”, ilustra el doctor Silva, para quien viajar ayuda a encontrar puntos de vista alternativos. “No pienso que cuando alguien tenga un problema deba viajar –aclara–, pero hacerlo sí le permite ocupar su tiempo y su cabeza en muchas cosas distintas, y con esto se puede ganar algo de perspectiva”.

La psicóloga Juliana Peñaloza coincide en lo beneficioso que es romper la rutina y abrir la mente: “Esto contribuye a que las personas se vuelvan mucho más creativas y sensibles, a que empiecen a ver su realidad cotidiana de una manera distinta”.

FUENTE: eltiempo.com

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