Las ‘islas boutique’, sitios poco conocidos por explorar en el Caribe

1.Granada: Petite Martinique

Geográficamente, es parte de la San Vicente y las islas Granadinas, pero, con su vecina Carriacou, se unió a Granada en los años 70. Sus habitantes no llegan al millar y tienen ascendencia africana, inglesa y francesa.

Hablan tanto inglés como un antiguo francés, por monsieur Pierre, el primer colono europeo de la isla, que llegó desde Martinica para cultivar. A pesar de su pequeño tamaño, la isla cuenta con algo de infraestructura: alojamientos, un supermercado y varios prestadores para navegar y bucear. Los turistas no son demasiados, y los isleños viven principalmente de la construcción de embarcaciones y la pesca. Comparten sus tradiciones con los visitantes, como bodas y la botadura de un barco al ritmo de bandas de big drum, la música local.

2. Islas Caimán: Brac

Son un territorio británico de ultramar conformado por tres islas, entre Cuba y Honduras. Brac es la más alejada de Gran Caimán, la isla principal. Es también la menos explotada turísticamente y la más interesante en términos naturales.

Su mapa recuerda una suerte de grueso lápiz: mide 20 kilómetros de largo por menos de dos de ancho. Sobre este territorio hay senderos por bosques nativos que forman circuitos de avistamiento de aves y de algunos de los últimos ejemplares de iguanas de las Caimán, subespecie de la iguana cubana en peligro de extinción. Las caminatas pueden llegar a la cumbre de The Bluff, el punto más elevado del archipiélago (43 metros). Brac es un paraíso para el buceo y el esnórquel. Su costa está formada por arrecifes coralinos, el hábitat de gran variedad de peces y tortugas.

3. San Vicente: Mayreau

Es la más pequeña de las Granadinas y se encuentra a igual distancia de Granada y San Vicente. Tiene un único pueblo sin nombre de 300 habitantes. Sin embargo, cuenta con algo de infraestructura para recibir turistas. A pesar de las pocas conexiones con el resto de las Granadinas (que hacen recomendable evitar un viaje en temporada de huracanes, ya que no hay manera de organizar una evacuación rápida), los visitantes vienen del mundo entero para descubrir este rincón del Caribe.

Una capilla sobre una colina es el principal objetivo del paseo, lugar elegido para matrimonios exóticos. Otro atractivo es la práctica de esnórquel y buceo en las aguas de los vecinos cayos de Tobago, unas pequeñas tierras inhabitadas donde la naturaleza sigue intacta.

4. Guadalupe: Les Saintes

Son las más pequeñas de todas las islas de ese archipiélago francés. Solo dos de los nueve islotes están habitados, por descendientes de colonos llegados desde Francia durante el siglo XVII.

La Baie des Saintes –sobre Terre-de-Haut, la isla principal– forma parte del Club de las Bahías Más Lindas del Mundo, la asociación creada en Berlín a la que pertenecen 29 sitios de 23 países. Solo 10 se ubican en América, entre ellos la península Valdés, en Chubut, y praia do Rosa, en Santa Catarina (Brasil). Las Saintes son de origen volcánico, y la cumbre más alta, también sobre Terre-de-Haut, supera los 300 metros.

Los senderos de caminatas llevan hasta la cumbre, cruzando bosques donde es posible ver iguanas, agutíes (especie de roedores) y varias clases de aves. Pero las islas atraen esencialmente por su costa y sus playas. Una de las más hermosas es la de Pompierre. El principal museo es el Fuerte Napoleón, una fortaleza del siglo XIX que recrea la historia local.

5. Saba

Saba, al sur de la isla francoholandesa de San Martín, tiene dos récords en su haber: es a la vez la más pequeña de las islas del Caribe holandés y es el punto culminante de los Países Bajos, gracias a su montaña, el Monte Scenery (887 metros).
Saba está a 26 kilómetros de Statia y 45 al sur de Saint Maarten. Vive principalmente del turismo para atender a unos 25.000 visitantes por año.

No llegan en busca de playas, porque la isla no tiene ni una sola.

Está rodeada por altos acantilados, y para llegar a la microcapital, The Bottom, había que subir antiguamente una escalera de 800 peldaños. Todo lo que llegaba a la isla tenía que pasar por ahí, hasta que se terminó una ruta en los años 40. Sin embargo, no por eso la escalera entró en desuso. Ahora es un ícono turístico y un paso obligado durante las caminatas para descubrir la muy llamativa selva tropical enana que cubre las laderas del Scenery con una densa pero baja vegetación.

FUENTE: eltiempo.com

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